Guerrero nos recibe con las manos abiertas. En Iguala la gente del mercado se organizó para facilitar alimentos. Hay manos trabajando, cocinando. Hay cámaras, micrófonos, hay voces, lagrimas, reflexiones, esperanza. Una plaza cívica nos lleva a otra, y de Iguala a Chilpancingo encontramos testimonios dolorosos, palabras que desgarran pero que al mismo tiempo nos hacen seguir caminando. Victimas de esta guerra alzan la voz y rompen, entre todas, ese muro gélido del terror.

Se encienden motores…

De: Magali Rocha

">